Hay personas que sólo pasan una vez en la vida.
Personas que son mejor que una taza de chocolate caliente en una fría tarde de diciembre, mejor que la cerveza fría cualquier día.
Personas que llegan y te abrazan por la espalda con toda su alma, sin decirte nada.
Y sin hacerlo.
Personas que te llenan.
Personas que son paz y guerra pero que siempre hay tregua con ellas.
Personas que huelen a nuevo pero suenan a desde siempre.
Personas que saben mejor que una noche de locuras, de excesos, de alcohol. De risas.
Personas que se viven una sola vez para marcarte a fuego lento, para recordarte el peso vacío de todas las que faltan por llegar.
Pero es que esas personas, sólo pasan una vez en la vida y no saben acabar los besos de despedida, por eso es que prefieren irse sin decir buenas noches y de puntillas.
El ser más terrible empieza en la cabeza y acaba aterrorizando.
Y no es el caso.
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