Google+

19 nov. 2017

Psicosis melancólica

La mañana se suicida en un vaso corto de café. 

No recuerdo cuando empecé a envenenarme ni cuando los golpes certeros me empezaron a volver cada vez más masoca. Maldita estupidez y masoquismo el mío. 
Una materia difusa que acaricia de forma uniformemente continua el caos y el desorden vuelve a hacer de las suyas, somos débiles cuando en vez de trepar por una enredadera por mera curiosidad y llegar arriba, cavamos en un pozo sin fondo para esculpir ese retrato nuestro cada vez más dañado, ese que nos haga recordar. Que nos haga sentir. 
¿Somos débiles? No lo sé. 

Quizá nos volvemos corrompibles y no es mejor ni peor. Estamos tan condenados a nuestras circunstancias que nos ahogamos ante tanta sociedad, suciedad. No me callo las verdades por no ofender, ni por ahorrar disgustos. No mastico hipocresía. Lanzo los cuchillos aunque luego me vuelvan a mí y yo vaya al hoyo mucho más tiempo del que quizá me gustaría. Allí la soledad me acaricia el pelo y me come por dentro con colmillos afilados. Allí escribo, aquí escribo. Aquí siento y espero ese abrazo que nunca llega, ese abrazo de calma. Y me pierdo ante tanta tranquilidad incierta. 

Me pierdo, con la brisa mañanera, con los gritos de la gente, con el murmullo de mi cabeza, con este café, cada vez más amargo...