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20 ago. 2017

Mi burbuja es un planeta más en esta tarde de estudio.

Me duele el cruce de miradas, la sonrisa encadenada.
Me aprisiona el pecho el miedo a la huída, a la soledad profunda.

Me duelen los días de estudio, las tonterías en los apuntes, las risas endulzadas en tardes de amargura.
Me duelen los recuerdos, la superluna llena un 14 de noviembre.
Me duelen los abrazos en la cama sin decirnos nada, la paz envolviendo nuestros cuerpos.
Me duele la ilusión.
Me duelen los poemas recitados en noches aleatorias, los besos y el silencio.

Me duelen las dudas y las mentiras.
Y las lágrimas envolviéndolo todo.
Me duele no llegar nunca en el momento adecuado, me duele no ser nada, un tachón más en la libreta.
Me duelen las tardes de series, de guitarra, de canciones, de acordes sonorizando todo. Se le nota en la voz por dentro es de colores.
Me duele Extremoduro, "Si te vas" me quedo en esta calle sin salida. 
La hemorragia no es real pero duele.

Me duele decir "estoy bien" cuando lo único que quiero gritar es que no puedo más.
Me duele el querer arrepentirme de todo. Y sin embargo, me río.
Me río porque no sé llorar, porque no es opción cuando no te queda ninguna más.
Hemos suspendido y seguimos sonriendo.
La tristeza es relativa y el pasado es el llanto del futuro si no aprendemos a asimilarlo.

Lo peor del dolor es llevarlo por dentro, en el lado izquierdo del pecho.
El nudo en la garganta, el punto de acumulación.
Fuimos una hostia de las que no se esperan. Fuiste la hostia.
Mi hostia.
Una de las que no se olvidan.

                                       Pero sí, me río
                                                                 porque tú también.