Google+

7 ene 2015

Sin nadie que me dijera: "tranquila, todo irá bien".

Todo el mal estar que provocaba mi cabeza y mis paranoyas, se iba con tu presencia, con tu saber escuchar, con tus sencillos abrazos que eran cortos y a la vez tan largos. No importaba la distancia, porque sabía que estabas ahí. Sin embargo, todo cambia. O todo hacemos que cambie.
Yo qué sé.

Pensamientos de noches en vela, pero sin ella. Derrochados en montones de papeles, una y otra vez. Cuántas veces habré escrito que la decepción llegó con tu pasotismo y cuántas más lo habré hecho sin realmente pensarlo. Porque sabes, no quiero hacerlo pero ya la ansiedad me ahoga tanto que no sé por donde nadar.

Últimamente, el bienestar que me provocabas, se desvanece. Se esfuma, como el humo de los dos cigarros. Se va, junto con lo que te cuento y no llegas a escuchar.
Que sí oir.
El hombro que siempre había estado ahí para cuando lo necesitaba, no siento que esté. Ni si quiera buscándolo. Se ha convertido en una piedra más del camino.
Ya ni tu voz suena clara, suena a compromiso. A estar por tener que estar y no porque realmente quieras estarlo.

Sinceramente, no sé qué te pasa. No sé si te cansaste, si has cambiado, si sólo piensas en ti o en otras personas que hacen que no seas tú...
Lo único que sé, es que no eres la misma persona que conocí hace unos años. Esa que con su risa, su alegría, su amor, su cariño... Iluminaba los días sin Sol.

Y es una pena muy grande.

No hay comentarios: