Me río yo de los puntos finales.
Puntos finales que terminan en otro punto más y otro y otro y así hasta que concluye en una coma, una inapreciable pausa para poder coger aire y seguir. Una coma con final abierto, que converge de nuevo a otro punto y éste, seguido. Y me perdí entre tanta parrafada. Me cansé del bombardeo de palabras que son tan poco y a la vez mucho. Agoté el gusto de leerlas entrando así en la monotonía que ya no cobra sentido entre tanta pausa, entre tanto pasotismo ilustrado.
Puntos finales que terminan en otro punto más y otro y otro y así hasta que concluye en una coma, una inapreciable pausa para poder coger aire y seguir. Una coma con final abierto, que converge de nuevo a otro punto y éste, seguido. Y me perdí entre tanta parrafada. Me cansé del bombardeo de palabras que son tan poco y a la vez mucho. Agoté el gusto de leerlas entrando así en la monotonía que ya no cobra sentido entre tanta pausa, entre tanto pasotismo ilustrado.
Simplemente me cansé, tomé tanto aire que me comí las comas y el resto de mi interés se fue a la misma vez que llegaron las decepciones.
Me trasladé directa al final abierto sin fin.
Me trasladé directa al final abierto sin fin.
Y aquí me hallo, en la fosa común de todo lo que no se dice, de todo lo que se pierde entre líneas. Esperando poder hacer del final, un cerrado.
Un punto y final, de los de verdad.
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