Google+

31 ene 2014

Viernes pero no vienes.

No puedo evitar que los viernes sean tuyos, a pesar de que sea cosa mía lo de que mi cabeza vuele tan alto que se estampe de frente con los recuerdos de todas esas noches. Noches especiales, por supuesto y efímeras también, como el humo del cigarro de después. Añoro todo eso, si te soy sincera.

Y no sé que me da más pena, si recordarlo o darme cuenta de que, verdaderamente, lo único que me queda de ti es el soplo de tantas despedidas en mi nuca. Pensar que no estés ocupando este lado del colchón, a mi lado, como cada viernes. O que no estés, simplemente y nunca vayas a estar. Las dudas que pueden, todas esas frases que me torturan y por supuesto, el miedo. Tu miedo, que se deja llevar por el qué dirán.

Y bueno,  eres todo lo que un viernes puedo gritar, aún sin gritarlo de verdad, en un vacío  profundo hasta que me quede sin voz. Eres ese tal vez que me persigue pero al fin y al cabo, eres eso. Esperanza nula.

No hay comentarios: