Me quejo de que duele, como si nunca me hubiera parado a pensar, como si nunca me hubiera advertido a tres milímetros de sus labios de que era un error. Y es que me perdía aún más con cada beso, con cada roce de su cuerpo. De estar así, culpable soy. Sí. Culpable, de haberme ilusionado, de haber escrito una historia en las paredes de mi habitación, en mi piel y en todos lados, joder.
De haberme enganchado a ti a pesar de lo poco que me dabas. Culpable soy.
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