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14 ago 2011

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Cerraba los ojos para sentir el calor ausente. Calor que algún día estuvo y que ahora su presencia se mantenía en el recuerdo.
Ya no diferenciaba las noches del día, ni el sol de la luna. Presenciaba cada amanecer, cada atardecer como si fuera lo único que le quedara.
Pensaba en un absoluto vacío, donde la única ilusión que le quedaba era perderse en un profundo abismo


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