Aceptar excusas de no verte,
emborronadas en papeles
llenos de incertidumbres.
Declarar la guerra a los suspiros,
que llenan de aire,
cada ilusión.
Perderse entre positivos y negativos,
con la idea de perseverancia
más ingrata del mundo.
Y no con tu sonrisa,
ni en tu mirada.
Aprender a dejar de escribir
cuentos sin historias,
que declaran a voces
las ganas de verte.
Y seguir en la cúspide
de todas las circunstancias que forman un todo,
a partir de un nada.
Que calientan cada tristeza,
a este lado de la cama.
Las incógnitas tampoco son de mi agrado, pero la magia está en ir descubriéndolas,
detrás de cada paréntesis lleno de profundidad.
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