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27 mar 2015

Lucha de gigantes

No hay día que me levante 
sin despertar a todas las ganas que se quedan pegadas a las sábanas.
No encuentro forma de no obligarme a hacer que me pase el día 

con una sonrisa en la cara, 
aunque no tenga ganas.
Intentado dar en el blanco de todo lo que me rodea, 

sin salirme de la diana. 

No sé cómo convencerme, de que no me falta de nada
y a la vez, me falta de todo. 
No sé cómo darme cuenta de que 
estoy rodeada de gente pero la vista tiende al horizonte, 
cuando me quiero dar cuenta.  
Por no hablar de la inexistencia de manos extendidas 
cuando me da por caerme y hundirme en el subsuelo.

Que hace tiempo que no espero nada de eso, 
sólo ser mi mejor versión. 

Y no, no puedo cansarme, 
aunque lo repita y lo vuelva a repetir 
aunque me ahogue en ojeras de noches sin dormir 
porque a mi, me encantan estas circunstancias. 

Sé apartar lo que no es capaz de hacerme feliz, 
ya lo hice y lo volveré a hacer,
aunque llegue al vértice del todo 
y me quede sin nada, 
aunque me lleve la vida en ello. 

Todo sea por enfocar los verdaderos motivos a tiempo,
por no ahogarme en ríos que no desembocan,
por reencontrar esa chispa que impulsa el motor de nuestras vidas, 
de mi vida. 
Y que a veces, se me olvida. 

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