Te escribí, en forma de fregona y de apio. En un cuaderno, sabes. Con un bolígrafo y de una forma muy natural, sin tapujos. Algo raro en mi. Y ni si quiera me lo pensé dos veces.
Pero sólo fue una vez.
Describía tu pelo enfadado con el mundo y cómo te lo apartaba de la cara cada vez que un mechón rebelde se decidía a tapártela. ¡Malditos y fabulosos rizos! Como te reías y escupías cada tontería con mucha naturalidad. Porque entre tanto pique de tonterías de ambas, era mucha tontería a lo largo de las tardes que pasábamos juntas. Y eso, me encantaba.
Pero sólo fue una vez.
Describía tu pelo enfadado con el mundo y cómo te lo apartaba de la cara cada vez que un mechón rebelde se decidía a tapártela. ¡Malditos y fabulosos rizos! Como te reías y escupías cada tontería con mucha naturalidad. Porque entre tanto pique de tonterías de ambas, era mucha tontería a lo largo de las tardes que pasábamos juntas. Y eso, me encantaba.
También le hablé al papel sobre tus perforaciones anilladas, esas que te daban un aspecto de chica dura y luego era todo lo contrario. Aunque nunca me mostraste esa faceta tuya. Y lo que me gustaban esos piercings tan escondidos y prohibidos, esos tan bien colocados, en cada zona erógena. Me volvían loca. Y lo sabes.
Por supuesto, también escribí algo sobre todo el derroche de besos. A todas horas. Como nos besábamos, como nos desnudábamos con la mirada con tan solo vernos. Como te mojabas. Porque esos días no hacía calor, nosotras desprendíamos calor. Como nos comíamos con la mirada y luego pasábamos a la cena de mayores. Porque me encantaban como se marcaban tus pezones sobre la camisa. Tus pantalones ajustados. Tus dedos y los míos. Tu lengua, mi lengua. Tus gemidos. Y cuando te desquiciabas porque tú llegabas antes y yo más tarde. Y te picabas. Y volvía todo a empezar. Y así horas y horas, hasta perder la noción del tiempo. Porque el sexo contigo, era sexo. Porque no había momento exacto, ni hora exacta, ni siquiera lugar exacto. Porque nos daba todo exactamente igual. Estábamos las dos y eso nos sobraba.
Y sin querer, lo he vuelto a hacer.
Y una vez más, ni lo leerás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario