Llevo días, transformados en meses, preguntándome si realmente mereció la pena.
¿Mereció la pena este juego? ¿Fuego? ¿Y estas quemaduras? ¿Y este mal estar? ¿Noches sin dormir? ¿Mentiras? ¿Confianza? ¿Pañuelo de lágrimas?
Cada día esta respuesta es más clara y los intervalos de decepción en los que se halla se van cerrando poco a poco.
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