Se levantaba y alejaba sin fijarse en nada, perdiéndose entre la multitud.
De vez en cuando, extraía de la cajetilla un cigarrillo. Y lo encendía, dejaba que se desintegrase como si nada y cogía otro.
Caminaba y caminaba, inexistente.
La buscaba, siendo más tenaz que el hierro, sabiendo que en algún momento ella se giraría, y sus miradas se encontrarían de nuevo. Esperando.
Esperando que ocurriese, mas siempre, se levantaba y alejaba.
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