No puedo mirarte, no debo. Y tal vez es lo que quiero.
Y a ver cómo te digo o cómo te escribo, que quiero comenzar por el principio.
Y subir despacio por tus piernas.
Llegar a tus caderas.
Sentir como se te eriza la piel con el roce de mi cuerpo con el tuyo.
Recorrer tu espalda de sur a norte, de este a oeste, de hemisferio a hemisferio.
Estudiar la geometría intrínseca de cada pliegue de tu cuerpo.
Y ver cómo se mueve al compás de tus gemidos. De los nuestros.
Darte la vuelta y besarte el pecho.
Subir por tu cuello y sentir tu respiración tan fuerte.
Sentirte y que nos sintamos.
A ver cómo te lo digo.
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