No voy a salvarte, no puedo hacerlo.
Ni debo, ni quiero.
No puedo prometerte la luna, ni las estrellas, ni el cielo.
Hace tiempo que todo eso está cogido.
Créeme.
Y mira que hay tontos mirando la luna, con ganas de deseo.
Con ganas de perderse en la infinidad infinita del universo en expansión.
Y yo sólo deseo perderme en tus labios, en tus curvas.
En ti.
Todo es tan complicado como lo hagamos.
No nos compliquemos.
Ven con tu mano del querer y quiérete.
Quiéreme.
Pero sobre todo, a ti.
Ven.
Y amanezcamos entre abrazos, entre caricias, entre besos
y no entre más de cien imágenes que huelen a miedo.
Escribo, te escribo
y en ocasiones mi musa es la incertidumbre del cómo hubiera sido.
Pero lo prefiero, prefiero esto a olvidarnos, a que me olvides.
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