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21 may 2015

Qué se yo.

La sensación de volar tan alto que no te cabe más aire en el pecho. El poder de la mente, de la imaginación, del qué sé yo. Divagando por las nubes, entre capas y capas de la atmósfera. Más allá de toda la realidad rodeada. Todo tan complejo, todo tan imaginario... o no. ¿Real?
Las ganas absurdas de saber, de respuestas. De aclaración. Si es que las hay.
El poder de crearse un mundo. Uno tan pequeño, que empieza en el nudo de la garganta por ganas de verte y acaba en el estómago. Maldita cabeza la mía.
Es bonito y la duda empieza donde ramifica la ilusión.
Y no me gusta esta sensación, entre tantos filtros, entre tanto ahogo absurdo, de caer mucho más abajo de donde acabé la última vez.

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