Una noche cualquiera. Una especial, una extraña.
La soledad profunda recorría cada ladrillo mal puesto del pavimento.
Se escuchaba como el viento mecía el follaje de la arbolada y a lo lejos, pasos. Pasos de borrachera en esa noche cualquiera. La humedad calaba a cualquier cuerpo de esa gran calle solitaria. La luz de las farolas dibujaban sobre el asfalto, la silueta de una persona de estatura mediana. Ebria de sensaciones y sin rumbo al que ir...
Como cada noche.
Y ahora digo, ¿De verdad quieres saber cómo me siento?
Yo soy esa persona.
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