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4 jun 2014

Decidí cambiar todas las cosas que se veían rotas por fuera desde dentro. 
Quise cambiar los golpes por sonrisas, aunque fueran forzadas. Aquellos ojos tristes y nublados por algo que les hiciera brillar, como siempre. Y así pude descubrir lo bella que eres cuando te empapas de felicidad, cuando te desnudas por completo alma y cuerpo.
Fui yo, la que con mis propios dedos, enredaba tu pelo. Y la que descubrió que el color de la hierba, mientras estabas tumbada, contrastaba perfectamente con tu piel tenue y clara; y tus ojos iluminaban todo el parque cuando me mirabas y sonreías.
No había mayor manjar que tus labios, ni mejor lugar que tu ombligo.
Te convertiste en mi equilibrio y entonces, me di cuenta de que conseguí hacerte feliz.
¿O no? 

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