Google+

13 ene 2014

Una vez más.

Sería absurdo gritar que estoy bien aunque no lo esté pues la cara me delata. Las ojeras se han convertido en dos lunares más de mi cuerpo.
Lo que pasa es sencillo, me echo piedras encima e intento correr con ellas una maratón. Y sé que las cosas no son así, que al menos no deberían de ser así. 

Antes quizá, pero ahora me acompaña la extraña y conocida sensación de que no puedo compartir esas piedras con nadie. No, ya no.
Es como volver al principio, cuando entrenaba relevos sin compañeros.

Gracias por ser tan efímera.

No hay comentarios: