Me dejabas con tan solo la mirada en ropa interior. Contemplando cada curva de mi cuerpo como si anatomía estudiases, como si de patrimonios de la humanidad se tratasen.
Y aún estando vestidos, me regalabas orgasmos. Cuando la ropa tocaba su fin, el suelo, podías hacerme llegar a tocar el cielo, en tiempo récord y sin tener que calcular las siguientes caricias.
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