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9 abr 2012

Luché para que la depresión que todos los años trae el viento no me venciera.
Para que las nubes no taparan totalmente el sol, que odio la oscuridad de mis días.
Para que el frío no traspasara la ropa, que mi carne es fina, y llegara a los huesos.
Luché para que la lluvia no mojara demasiado aquellas calles, aquellos bancos, aquellos rincones... todos ellos rebosantes de recuerdos. Donde habíamos pasado tantas horas.

Créeme que luché, demasiado. Pero a veces, es inútil luchar contra las fuerzas de la naturaleza.
Inútil, esa es la palabra.

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