Y son en estos momentos en los que me gustaría estar tumbada en otra dimensión, en otro espacio, en otro lugar, como por ejemplo en una pradera. Una padrera donde predomine el verde de la hierba bajo un firmamento encendido de bombillitas. En la oscura paz de la noche.
Sin nadie alrededor, simplemente yo y mis pensamientos. Poder decir lo que pienso, lo que siento a los cuatro vientos, sin que nadie lo escuche.
Gritar y estar en paz.
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