tener la más remota probabilidad de triunfar sobre el carnero.
Pero la cabra, porfiada, aprovecha cada hueco, cada rendija, que el carnero no ve, con sus pezuñas especialmente diseñadas para disminuir esa probabilidad de perder que lleva consigo.
Y así, con astucia, la cabra gana.
Al carnero no me le gusta perder
1 comentario:
Eso me recuerda a cuando me llamaste cabra en Samil :(
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