Sin amores, ni odios, ni pasiones que levanten la voz,
Ni envidias que nos hagan mover demasiado los ojos, ni cuidados...
Amemonos tranquilamente pensando que, queriendo
podríamos cambiar besos y abrazos y caricias.
Mas vale estar sentados el uno junto al otro
oyendo correr el rio y viéndolo.

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