Google+

4 nov 2025

De una realidad cercana a lo salvaje

Corre por mis venas como veneno líquido,
disolviéndome en cada pulso, 
rompiendo en silencio todo lo que soy. 

Me hundo en un mar inmenso, sin nombre,
silencioso, salvaje, brutal, sin una sola criatura que respire. 
Solo el eco de la culpa, 
y el silencio que corta como cristal.  

El agua me oprime el pecho, 
me rompe el calor de la sangre, 
me roba el aire con la suavidad cruel de una mano invisible.
Desciendo, más abajo, 
hasta el fondo, 
más oscuro.  

Aquí los espejos me rodean, miles, 
me devuelve un yo que ya no reconozco, 
que ya no alcanzo. 
Y mientras, la marea me exprime hasta el último hueso. 

Duele.
Duele en el alma,
el vientre blanco, 
el pecho que se quiebra, 
la nuca donde se enroscan los clavos del pensamiento. 
Todo mi cuerpo se tuerce, 
todo mi ser se fractura.  

Los espejos no cesan, siguen implacables, 
repitiendo mi reflejo hasta el infinito. 
Tiemblo, 
busco algo que no encuentro. 

Y me pierdo, 
de nuevo, 
otra vez.

Y siento que no hay regreso.